Relato en “La escuelita”

imagenraq-001Alicia Partnoy*

Graciela: Alrededor de la mesa

Hace quince días que empezó esta historia de dar vueltas alrededor de la mesa.. En fin, es algo distinto para hacer cada tarde. Ya llevo ocho vueltas hoy, dos pasos más y llego al borde. Estoy un poco mareada…Ahora para el otro lado: uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis…uno, dos, tres, cuatro…uno, dos…
¿ Y que nombre la va a poner , comadre?
¡ La pregunta! Como si le importara…hay que reconocer que al menos sienten un poco de compasión por mí, ya no me pegan, no me manosean; ahora caigo en la cuenta de que hace unos días, tampoco me gritan. Bueno ¡con esta panza! Sin embargo no les importó mucho la panza cuando me agarraron. El viaje de Cutral-Có a Neuquén: el infierno. Sabían que estaba embarazada. No se me había ocurrido que me podrían torturar en el viaje…todo el viaje…La picana sobre mi vientre…porque ellos sabían…Uno, dos, tres, cuatro…Entonces con cada shock el miedo terrible de abortar…y el dolor, por mí y por el bebé; creo que me dolían más saber que le dolía a él…que lo estaban queriendo matar…A veces pienso que tal vez hubiera sido mejor haber abortado…
Ya llevo como doce vueltas, y esta cuestión del “ejercicio” ¿ será una farsa más o realmente me dejarán vivir hasta que el chico nazca? ¿ Y después?… Mejor no pienso por un rato. Vuelta número trece. Treinta, dijo el doctor. Este no debe ser ni doctor. ¿ Cómo podría un médico ser cómplice? Esta sí que fue una reflexión estúpida: asesinos puede haber de todas las profesiones. Adrianita…Juro no pensar en ella…al menos hasta la vuelta número veinte. Si aguanto hasta la veinte, capaz que aguante hasta la veinticinco, hasta la treinta…Después voy a pedir ir al baño. Si me llevan tal vez hasta pueda lavarme las manos. Desde hace un mes me llevan al baño de ellos…Ya no podía mantenerme en equilibrio en la letrina, estaba tan débil. Cuando vuelva del baño me voy a comer un pedazo de pan que guardé del almuerzo…Lo voy a hacer durar bastante, como siempre…tal vez me entretenga así un buen rato y no piense en Adrianita: ayer pensé en ella todo el día…lloré todo el día ¿Dónde estará mi nenita? ¡ Si al menos la tuvieran los viejos!
Vuelta número veinte. Están pidiendo agua. Es la voz de María Elena. Tan chiquita y tan fuerte María Elena…tan decidida a plantarse contra la injusticia:
“ Tenemos que hacer algo hermana”. Creo que repetía lo que alguna vez nos oyó decir al “flaco” y a mí. Pensé que me volvía loca cuando la trajeron a La Escuelita. Cuando me dí cuenta que sospechaban de ella, imaginé mil formas de avisarle, todas impracticables, sin salida. Por eso cuando la trajeron a Alicia lo primero que se me ocurrió fue preguntarle si le quedaba alguna manera de contactarse con el exterior… En el infierno tampoco se debe tener contacto con el exterior…Ahora la
culpa…es como una atadura más, además de la venda sobre los ojos y la gasa que me ata las manos. A veces quisiera desaparecer, irme con el viento que entra por la ventana. Desaparecida…desaparecer de verdad, quiero decir…borrarme del mundo … Esto pesa tanto…Si al menos estuviera Raúl aquí… ¿ Adónde lo habrán llevado? Ese día, mientras me cambiaban las vendas de los ojos, le pregunté al “ Vieja” si sabía. Me dijo que al sur, a otro campo. “ El Vaca” no me quiso decir nada…
¡Y pensar que quería separarme de él antes de caer! Ahora me falta el aire porque no está…por lo menos no siento cómo le pegan…Sin embargo, antes se me desataba la mordaza de la angustia cuando lo oía susurrar: “Estoy bien, gorda, no te preocupes.” Sobre el piso de madera, estaba bien Recibiendo patadas y puñetazos día y noche, estaba bien… “Fuerza , Graciela, fuerza…por Adrianita, por el bebe…”
El bebé da vueltas alrededor de la mesa conmigo, dentro mío…cuatro vueltas más … ya estoy cansada de caminar, me falta el aliento…conozco de memoria los bordes esta mesa, podría reconocerla entre todas las mesas del mundo aunque nunca la pude ver bien. Treinta vueltas, quince días…trescientas…cuatrocientos cincuenta vueltas…hoy tengo la venda muy ajustada y ni siquiera puedo verme los pies…y el vestido de flores…¿De quién sería este vestido? …El nene se mueve…corazón, ¿protegerte, yo hijo mío?…Yo…tan desprotegida…si al menos tu padre estuviera aquí…Tal vez pudieras oír su susurro: “ Fuerza, hijo, valor… el futuro va a ser tuyo”. Tu futuro, hijo, por él renunciamos hasta el sol sobre nuestros párpados. Vuelta número treinta de un presente de muerte…No los perdones hijo…Tampoco perdones a esta mesa.

Alicia Partnoy nació en la Argentina en 1955. Durante los años que pasó en la cárcel como presa política, sus poemas e historias fueron deslizados en secreto fuera de la prisión y publicados anónimamente en diarios y revistas de organizaciones de derechos humanos. Presentó testimonios de violaciones a los derechos humanos en la ONU, la OEA, AMNESTY International y organizaciones de derechos humanos en la Argentina. Su testimonio aparece en “Nunca Más”, informe final de la Comisión Argentina para la Investigación de Desaparecidos.

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